Cómo alimentar nuestra piel?

La piel y las mucosas constituyen las barreras físicas que protegen al organismo de la entrada de patógenos y evitan la lesión de las capas más internas.

La piel nos protege no sólo de infecciones sino también de agresiones diversas además de funcionar como un órgano excretor (otro riñón) por el cual se eliminan sustancias de desecho a través del sudor.

Nos ayuda a hacer frente a los cambios de temperatura, reparar las heridas e informar al cerebro -mediante las terminaciones nerviosas-de lo que ocurre en el exterior.

Así pues, es un órgano vital en cuanto a sus funciones de:

  • Protección.
  • Termorregulación.
  • Secreción.
  • Eliminación.
  • Sensación.

Es por lo tanto necesario cuidar nuestra piel como se merece y sobre todo evitar el dañarla en exceso. La prevención y reparación serán fundamentales en especial tras épocas de mucho sol-frío, además de otros factores como son el tabaco, la polución, el viento, los aires acondicionados, el estrés, insomnio y por supuesto una dieta desequilibrada.

Radicales libres

Nuestro organismo fabrica  los radicales libres, forman parte del proceso biológico normal de la vida, pero podemos evitar que proliferen de una manera exagerada provocando un envejecimiento prematuro y un sinfín de enfermedades.

Cuidado con:

  • la radiación ultravioleta -de la que no debemos protegernos únicamente en verano- es la responsable de muchas de las arrugas y manchas.
  • la nicotina es una de las sustancias que más ataca el colágeno y contribuye así a la pérdida de firmeza; la vasoconstricción provocada por el tabaco otorga un aspecto apagado a la epidermis y el gesto de aspirar el humo causa arrugas alrededor de la boca.
  • Una dieta pobre en vitaminas resta luminosidad a la piel, al igual que la falta de agua. Los beneficios de las vitaminas han sido probados con éxito y sabemos que potenciar los mecanismos de autoprotección vitamínica retrasa los signos del envejecimiento cutáneo. Las dietas ricas en sal causan retención de líquidos que se traducen en hinchazón y bolsas bajo los ojos; las que son ricas en grasas saturadas y carnes rojas son agravantes de cualquier proceso inflamatorio acelerando el envejecimiento.
  • El uso continúo de medicamentos, destruyen ciertas vitaminas y minerales.
  • Procesos inflamatorios de larga duración.
  • Los aditivos y metales pesados.
  • La falta de sueño es otro de los factores que más acelera el envejecimiento y provoca las antiestéticas ojeras.
  • La falta de ejercicio físico y mental habitual. Es uno de los medios que más contribuye a mantener la juventud tanto a nivel físico como psíquico.

La salud de la piel empieza desde dentro.

La belleza y la salud de la piel dependen en gran medida de la salud general, es decir, del interior del organismo, especialmente del estado del sistema nervioso. No se obtendrán pues buenos resultados mediante la aplicación de cualquier tratamiento directamente sobre la piel si no se sigue una alimentación sana ya que la sangre estará cargada de toxinas. Por eso no debe extrañarnos que en muchos tratamientos cutáneos (acné, eccemas y otras dermatitis) se incluya, además de aplicaciones tópicas, la administración oral de tisanas, cápsulas, extractos, etc.  De esta manera, una refuerza la otra siendo complementarias.

Según el caso, utilizaremos plantas depurativas como la zarzaparrilla, el abedul, la bardana o el pensamiento (facilitan mediante la sudoración y la orina la eliminación de productos de desecho del organismo), plantas que estimulan la función desintoxicadora del hígado -como la alcachofera, el diente de león o la fumaria– y plantas laxantes en caso de estreñimiento crónico para facilitar una buena limpieza intestinal e impedir la autointoxicación.

Con independencia de la edad e incluso de la genética particular, la forma en que vivimos es lo que más define los años de nuestra piel.

Cuestión de equilibrio:

Es necesario proteger y mantener el equilibrio del manto hidro-lipídico natural de la piel. No abusar de tratamientos agresivos y optar por acompañar el propio proceso de nuestra dermis favoreciendo una buena higiene tanto intestinal como corporal y facial.

Respecto a la alimentación, nos enfocaremos sobre todo en las vitaminas, minerales tan necesarios para nuestra piel:

Vitamina E: protege la membrana celular, estabiliza los radicales libres e inactiva el oxígeno simple; aumenta el flujo sanguíneo mejorando la estabilidad de la piel; protector natural contra los rayos ultravioleta. Junto con el Selenio, protege contra las mutaciones celulares. Se encuentra fundamentalmente en aceites vegetales y en el germen de los cereales integrales.

Vitamina A-caroteno: completa la acción antioxidante de la vit.E, protege de las radiaciones solares; estimula la regeneración celular y la producción de colágeno. El cuerpo no la produce de forma natural por lo que hay que adquirirla mediante la alimentación. Disponemos de ella en la calabaza, mandarina, zanahoria, tomate, albaricoques, zanahorias, espinacas, alga espirulina y la alfalfa germinada.

Vitamina C: principal antioxidante de la sangre, economiza la vit.E, protege de metales pesados; mejora la textura de la piel, estimula el colágeno y reduce las manchas. La col blanca cruda en ensalada, el perejil fresco, espinacas, el pimiento crudo, los kiwis, fresas y frutas cítricas son excelentes fuentes de vitamina C.

Bioflavonoides: eliminan radicales libres y protegen la pared venosa; son pigmentos vegetales conocidos como antocianósidos (mirtilo), resveratrol y viniferina (uva), y luteína (caléndula) entre otros.

Cobre: necesario para mantener la piel sana y conservar el tejido conjuntivo. Como fuente se encuentra en los mariscos, legumbres, alfalfa germinada, semillas oleaginosas, coco y cereales.

Azufre: favorece igualmente la pigmentación de la piel, que se pigmenta mal en ausencia de azufre. En particular guisantes, judías verdes, coles y ajo crudo son ricas en este oligoelemento, también las semillas oleaginosas y el queso tipo gruyere. También los huevos, el pescado y la levadura de cerveza.

Silicio: resulta fundamental en la biosíntesis del colágeno, de modo que su carencia produce estrías por pérdida de elasticidad de los tejidos, arrugas y envejecimiento prematuro de la piel. La parte más externa de las verduras verdes, las cáscaras de las semillas, el salvado, la cebolla y los frutos secos son alimentos ricos en silicio. La planta medicinal cola de caballo seca y triturada esparcida por encima de los platos es una buena forma de tomar silicio.

Hierro: es un mineral indispensable en la producción de la hemoglobina, gracias a la cual la piel tiene un buen color. Son excelentes fuentes el alga espagueti de mar, el alga espirulina, el polen, la remolacha fresca, la levadura de cerveza, la quinoa, las carnes magras, aves, pescados y legumbres.

Zinc: es un nutriente muy importante para la salud de la piel. Participa junto a la vitamina A en la regeneración del tejido cutáneo, en la síntesis del colágeno y la elastina, componentes importantes del tejido conjuntivo de la piel encargadas de proporcionar elasticidad y tonicidad a la dermis. Las pepitas de calabaza son tal vez una de las fuentes más ricas en este oligoelemento además de las ostras, aves y pescados.

Alimentos estrellabrócoli, ajo,  jengibre, endibia, escarola, alcachofa, nueces, bayas de Goji, rábano. No podemos olvidarnos de los aminoácidos tan importantes para nuestra piel presentes en carnes preferiblemente magras, pescados, huevos, semillas oleaginosas y cereales integrales; ni tampoco de los líquidos como el agua e infusiones.

A evitar/ limitar: leche de vaca, quesos curados añejos, embutidos, aceites comunes, azúcares refinados, repostería industrial, procesados ricos en aditivos, enlatados, cocciones superiores a 110 grados, carnes rojas grasas, cafeína y cereales refinados.

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Cuando la Realidad Supera la Ficcion:Encontrado la forma de restaurar el vigor de juventud

Científicos de la Universidad de California en Berkeley dicen haber encontrado la forma de restaurar el vigor de juventud a las viejas y cansadas fibras musculares.

Un estudio publicado en la revista Nature, da cuenta de su trabajo experimental con ratones en los que manipulando señales bioquímicas, incrementaron la habilidad de las células madre para reparar el tejido dañado.

La investigación aumenta las esperanzas de encontrar nuevos tratamientos para enfermedades degenerativas relacionadas con la edad como el Alzheimer y Parkinson.

Células adultas

La investigación del equipo de Berkeley se basó en las células madre adultas, que juegan un papel clave al ayudar a reparar las células maduras y diferenciadas que conforman el tejido.

Con su trabajo, lograron identificar dos vías regulatorias que controlan la eficiencia de este trabajo reparador a cargo de las células madre.

A partir de esto, pudieron modificar la forma en que estas células madre reaccionan a aquellas señales bioquímicas para revitalizar la capacidad del tejido muscular en ratones viejos que lograron repararse casi tan bien como los músculos de roedores mucho más jóvenes.

Los científicos compararon así la capacidad de regeneración muscular un ratón de dos años (equiparable a entre 75 y 85 años de edad en los humanos) y la de otro de dos meses (equivalente a una edad humana de entre 20 y 25 años).

Como esperaban, encontraron que los músculos de los roedores jóvenes rápidamente reemplazaban las células dañadas con otras nuevas y saludables, mientras que los de animales de más edad quedaban llenas de cicatrices.

La ruta del envejecimiento

Pero cuando lograr desactivar la “ruta del envejecimiento”, bloqueando la producción de una proteína llamada TGF-beta, el nivel de regeneración celular en los animales ancianos era comparable a la de los más jóvenes.

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