La química del beso

Cada beso es una tormenta bioquímica en donde músculos y hormonas participan para crear un sinfín de sensaciones. Cada beso consume 12 calorías, uno de los motivos es que para al besarnos movemos hasta 36 músculos y además nuestras pulsaciones aumentan de 60 a 100 latidos ¡Y qué decir tiene que el cansancio de un beso es un cansancio agradable para nuestro organismo y  para la salud.

¿Un beso lo cura todo?

El  Instituto Superior de Ciencias de la Salud realizó un estudio este año con motivo del día de los enamorados donde se aseguró que un beso de tres minutos implica la quema de al menos doce calorías y, de esta manera, se convierte en un importante complemento de las dietas. Además, se mejora la autoestima y al besarse con frecuencia se activa la circulación sanguínea y ayuda a las personas a enfermarse menos y vivir más. Un beso es la mejor terapia, principalmente para superar las depresiones.

Pero, ¿cómo saber si estoy besando al príncipe azul o si me encuentro ante una ‘rana’? Hay estudios científicos que apuntan a algo más que la intuición para saber si tenemos ante nuestros labios la boca correcta. La “química”, pues, existe: la neurocientífica Wendy Hill, investigadora del Lafayette College de Pensilvania, asegura que en la saliva de ese momento podemos encontrar sustancias que serán de gran ayuda para evaluar si la pareja que estamos besando es la idónea. Según Hill, si nos encontramos ante nuestro ‘príncipe de cuento’:

  • Se reducen los niveles de cortisol y la hormona del estrés.
  • Ayuda a combatir el dolor, pues mientras más apasionado es, más endorfinas se segregan y esa actividad hormonal tiene un efecto superior a una pequeña dosis de morfina.

Este estado de enamoramiento es debido a una serie de hormonas que producen una sensación de bienestar, La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.

¿Y de dónde viene la costumbre de besarse?

El origen del beso es tan antiguo como la vida misma, pero esta costumbre no nació precisamente como expresión de amor, sino por una ley romana que prohibía tomar vino a las mujeres.

Todo comenzó cuando Rómulo, primer rey de Roma, prohibió a las mujeres beber “temetum” (vino puro) y estableció por ley para ellas la absoluta abstinencia. La ley era muy dura: “Mulier si temetum biberit domi ut adulteram puniunta”, decía, lo que puede traducirse como “si una mujer bebe vino en casa, ha de ser castigada como una adúltera”.

Para el control de esta ley, al llegar a casa cada marido obligaba a la suya a exhalar su aliento, mientras acercaba sus labios a los de ella para cerciorarse que no hubiera bebido. En caso que de que oliera a alcohol, la mujer era castigada con penas tan severas como las reservadas a las del adulterio.

Nacido así de la censura y el recato, el beso comenzó a florecer de boca en boca, y con el tiempo, a hacerse cada vez más apasionado, hasta escandalizar aun más que la beodez femenina.

Entre los cristianos, el “ósculo santo” era una muestra de hermandad: en las Constituciones Apostólicas del siglo IV se cuenta que hombres y mujeres se sentaban a cada lado de la sala y que se saludaban, dentro de cada grupo, con “el beso del Señor”.

En la Edad Media, el hombre que besaba a una mujer era obligado a casarse con ella; y en épocas de la Revolución Industrial, se prohibió besar en la boca en público.

Los registros que la Historia ha dejado en innumerables textos, dibujos, grabados, fotografías, etc. también muestran cómo la cultura o las religiones han influido en la expresión del amor, pública y privadamente. “Mucho nos tememos que la reina Cleopatra, pese a su erótica fama, es más que probable que nunca besara o fuera besada por ninguno de sus amantes”, explica Jesús de la Gándara. Hecho tan sorprendente como que todavía los maoríes siguen mordiéndose en la cara en vez de besarse.

Para conocer más acerca de los beneficios de los besos el psiquiatra Jesús de la Gándara publicó un libro “El planeta de los besos” en el que podemos ver un análisis de los comportamientos y efectos de esta costumbre.

Como señala Gándara en su libro, “buena parte de nuestra felicidad depende de la cantidad de besos que nos dan o damos”.

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